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Esta
zona típica es aledaña a dos
santuarios ya existentes: Islote de Pájaros
Niños y Peñablanca. El área
constituye un “ecosistema funcional
con interesante y exclusiva biodiversidad”
formado por los dos santuarios, las aguas
y fondo marino adyacentes, playas y formaciones
rocosas costeras, además del bosque
de pino insigne en la parte alta. Los dos
santuarios constituyen lugares de refugio,
descanso y nidificación de avifauna,
el mar y fondo adyacente permiten su alimentación;
los islotes y costa adyacentes forman parte
del habitat de chungungos y refugio esporádico
de otras especies de mamíferos como
lobos y elefantes marinos.
Tanto la vegetación
nativa que se desarrolla en los roqueríos del peñón
de Peñablaca como los pinos de la parte alta, permiten
la nidificación, alimentación, refugio y desarrollo
de “numerosos representantes de la fauna silvestre terrestre
tanto de aves como de reptiles y mamíferos, todos los
cuales interactúan en una particular cadena alimentaria
en perfecto equilibrio natural” (sin embargo este punto
no se desarrolla mayormente, salvo destacar la existencia
del cururo). Frente a esto se considera una amenaza la tala
del bosque de pinos, ya que interrumpiría la cadena
alimenticia descrita al acabar con el hábitat del cururo.
No obstante, de acuerdo al informe de CONAF, el bosque de
pinos vecino a la playa El Canelo constituye una amenaza para
las casas vecinas por su gran tamaño y singular forma
de crecimiento (bosque que no fue manejado), por lo que se
sugiere la tala de los árboles inmediatamente adyacentes
a las casas y, en general, manejar el bosque a través
de la poda y raleo.
Se justifica la
protección del parque como una forma de reforzar el
resguardo de los dos santuarios existentes, ya que cualquier
alteración en el entorno significa efectos negativos
sobre las especies que se protegen en las áreas ya
declaradas.
Se destacan los
valores ambientales de los dos santuarios ya existentes: Islote
Pájaros Niños por proteger el pingüino
de Humboldt, clasificada como especie vulnerable según
el Libro Rojo de los Vertebrados Terrestres de Chile; además
de pingüino de Magallanes, constituyendo el lugar su
límite septentrional de migración.
Por otra parte,
se destaca la belleza escénica del lugar, donde el
principal valor estaría definido por la conservación
del aspecto rústico de las playas.
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